sábado, 4 de octubre de 2008

Madrugada en el "Páramo"

El cielo, el firmamento, índigo, "viola", tersura, esponjado, para tocar, que mis manos se sumerjan; pero, abriendo la puerta, todo de nubes, frailejones, osos de anteojos, saliendo al páramo, al frío, no pide permiso, se escapa por la piel, manos de escarcha; pero, es un señor también, oliendo a pinos, robles, hierba cubierta por la bruma, agua del cielo, oliendo a pólvora, puchero, tamal, chocolate; recibiéndonos en la puerta, de la cabaña, con un aperitivo, un cobertor; vamos, a Buenos Aires, París, a "check in"; o a un arroz, un bocado, después de beber con la pandilla; o también a la estación del vigía, esperar el tren, escuchando la Cuarteta, el "Guararé", los clásicos del "Picot", los que bailaron los abuelitos; o regresamos a casa, después del pescado, la paella, el "shower", la fiesta de Año Nuevo; un motoso en el coche familiar, acompañado por mis papás, esperándome unas cobijas, y un sueño bien merecido; en micasa, en Pasadena, Restrepo, Santa Bárbara, en todo punto de la Sabana; el barrio, la calle colonial, de madrugada, se transforma.

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