sábado, 25 de octubre de 2008
La capital del mar
A nuestros aposentos, terminó el día, llovió siempre, pero, caminando de noche, por la bahía, el Camellón, se vuelve la ciudad amurallada, un Santo Domingo, los faroles, sobre el andén, los pozos; un capuchino no, ni modo, pero sí tal vez, un batido, de melón, de zapote, limonada "cerezada", dulce, "beautiful"; un detalle también, para llevar, de regreso, caminando también, la feria artesanal, el puerto de los pescadores, indios, mulatos, escuchando los clásicos, la "Fania", los juglares, se vuelve un cuadro de Monet, Gordillo, de todos los colores, bajo el verde, el marrón, selva, sierra; seda, marfil, un "morrocoy", una mochila de los indios, todo al natural; pero pues, después de todo, hizo sol también, me quemé, me pica todo, pero vale, por caminar en la playa, la reserva, ver las iguanas, los peces, hasta ls gatos, de mar, sin ego, calmados; caminar también por el centro, la Catedral, viajando con pescadores, artesanos, por Mamatoco, Bonda, Gaira, en lancha sobre el mar; en Las Velas, con un parguillo en la mesa, lebranche, hogao, limón, con las manos, pescado con brisa del mar; escondite al mar, también como el mar, en casa, "tranqui", "nice", nadie tiene afán, hay tiempo para la siesta, para contemplar, todo dedicado al mar; uno dice, "un balneario al final", pues, sí, claro que, no cualquiera, uno con estilo, bañado por el Mar Caribe, con la Sierra, los indios, los pescadores, historia antes de la conquista; la pasé super, ahora tengo ganas de volver, estar tranquilo, otro pescado, otro soplo de brisa.
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