domingo, 10 de mayo de 2009
La Fiesta del Tren
Es muy fácil. Nada qué ver con “Protocolo”, “Formalidad”, “Almidón”, la urbanidad de Carreño, etc. Pues, de hecho, es el plan más liviano, así, “soft”, “flat”, confortable, un “Cinzano”; un auténtico vermouth, hielo, limón, o una cereza, mezclándose todo, en tus labios, tu piel, fructosa, frutos rojos. Hora del homenaje, a la bandera, a la vitrina de la patria; pero, esta vez, la patria es, la mañana, el sol, sobre la sabana, la capital, el domingo, o el día que es la fiesta; buenos mozos, “dandies”, tú y yo, de mundo, divisamos el mundo, somos lo que queremos ser. Un bombín, un clavel en la solapa, mi paraguas, una pava, “petticoat”, seda, en tu talle, en tus piernas. Después del postre, el chocolate, nos espera nuestro vagón; es un clásico de vapor, el Orient Express de Malasia, en mi ciudad, tu ciudad. Nos escapamos, recorremos la comarca, la capital, el altiplano, regresamos, al “Old Style”, la “Belle Epoque”, tapiz, años 50, después vamos a la hemeroteca, el museo, el “College”, de los pioneros. Nos transportamos, al paseo de los burgomaestres, después de la guerra, los enamorados; es el tren, contador de historias, inspiración de canciones, del “Profe”, o del chico soñador. No sé imaginarme otra cosa, mezclar bife, langosta, con refresco, o música del circo, en el palco antiguo, no me va, nada qué ver. Que sigan con sus experimentos, su ruido mundanal, a comer de la cena de anoche; mientras, tú, yo, brindamos otra vez. A mí me fascina.
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